Me han contado que...
... ocurrió un mes de agosto. El lugar, un pequeño pueblo de Andalucía donde ella pasaba sus largos veranos de la adolescencia. Su piel estaba bronceada y su grupo de amigos era el mismo de todos los años. Lo único diferente era su nuevo ligue. Mucho más mayor que ella, estaba totalmente encandilado con su nena de la capital. Su figura se había terminado de formar recientemente y, con diecisiete años, era una muñeca preciosa. Él le atrajo por su extremada timidez y sus profundos ojos verdes. Se hicieron inseparables.
Una noche la llevó a la montaña. No intentó excusarse de ningún modo, solo condujo en silencio por un camino pedregoso y solitario. En un desvío sin salida apagó el motor y se quedaron en penumbra. La luna hizo de faro, una luna entera brillando en el cielo despejado. Y alli fue. No recuerda cómo comenzó, lo que sí mantiene vivo en la memoria es la angustia de quien está haciendo algo terrible, pero disfrutando de ello con intensidad. Se acuerda también del aullido de algún perro, y de un insecto inoportuno que se coló por algún sitio. Lloró dos gotas cuando sintió el desgarro, y le odió medio minuto por lo que la estaba haciendo. Luego cree que debió amarle, porque eso fue lo que le dijo. Volvió a casa, se lavó y se acurrucó en la cama, reviviendo cada segundo de aquella experiencia.
Han pasado muchas cosas desde entonces.Ya no van juntos a ningún sitio, porque ni siquiera se ven. Todo terminó tras otros dos veranos igualmente apasionados, repletos de playa, y de montaña. Él busca matrimonio y ella todo menos eso. Sus mundos son completamente distintos y ambos lo han comprendido amistosamente. Aunque ella, muchas noches al acostarse mira la montaña desde su ventana, y se duerme pensando en él.
Empieza fuerte!!!
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